Por: Mario Morales
Y volvió a suceder. Como ya es rutinario, el periodismo “le compró” no sólo la agenda, sino el lenguaje al Gobierno a la hora de hablar del paro. De modo que hoy los ciudadanos “se enteran de lo que está sucediendo” en términos de trancones.
Al tiempo, de manera más que ingenua, el presidente Santos se alegró de que el paro no hubiera sido lo esperado, desafío al que sindicatos y gremios respondieron sumándose a las marchas y protestas.
También las manifestaciones del Polo y Marcha Patriótica fueron narradas desde el encuadre preferencial, y no colateral, de trancones y vías cerradas, haciéndolos ver como “lo otro”, lo disfuncional.
El presidente fue más allá, responsabilizó a la misma población de estar en contra de la protesta, cuando agradeció “su participación, tan constructiva y oportuna”, no para buscar soluciones, sino para que las autoridades pudieran actuar. Divide y…
Así, Santos jugó a lo que pretendía criticar: Esas declaraciones son bloqueos a las vías de diálogo.
Y como si fuera poco, la desinformación cerró el círculo: Mientras el Invías hablaba de más de una docena de puntos críticos, la policía minimizaba los hechos a lo acaecido en Boyacá.
Y no es que el gobierno tenga que ponerse de parte de los inconformes, sino que se va al extremo obligando a los manifestantes a hacer lo mismo, sin una masa crítica e informada en el centro, que permita acercamientos.
El resultado de la suma de agendas y adjetivos es lamentable. Se pasó del interés al fastidio y de allí a la indiferencia. Sí, el diagnóstico de siempre en lo político y en lo mediático: El dinosaurio, ahí.
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