El paro nacional agrario: cuando lo reivindicativo es transformativo
Es crucial mencionar que el apoyo o la coincidencia de gremios como los camioneros, los mineros, los estudiantes, integrantes del sector salud y las centrales obreras en esta movilización, es una muestra de la efervescencia creciente de un movimiento social que busca transformaciones a partir de sus agendas particulares. La coincidencia múltiple en la movilización de esta semana es indicador de la posibilidad de coordinar acciones en esos sectores dispersos.
¿CuĆ”les son los alcances del Paro Nacional Agrario que estĆ” en curso? Al analizar las agendas, reivindicaciones y pliegos de las organizaciones que promueven el paro, surge la pregunta sobre cuĆ”l es la dimensión polĆtica de la protesta ¿Se buscan meras reivindicaciones o el propósito es transformativo de la polĆtica y la economĆa colombiana?
Una pregunta habitual en los movimientos sociales se relaciona con los alcances de su acción colectiva. En los viejos buenos tĆ©rminos, tiende a diferenciarse entre lo ‘reivindicativo’ y lo ‘polĆtico’. Mientras lo reivindicativo apela a defender objetivos especĆficos que generen un mayor bien-estar para quienes participan de la acción, lo polĆtico apunta a una transformación mĆ”s amplia del rĆ©gimen económico y polĆtico de una sociedad, generando cambios profundos en sus instituciones.
La imprecisión de la diferencia entre lo ‘reivindicativo’ y lo ‘polĆtico’ sale a la luz al percatarnos que lo reivindicativo tiene una dimensión polĆtica. Por eso resulta Ćŗtil retomar la diferencia, planteada por Nancy Fraser, entre lo ‘afirmativo’ y lo ‘transformativo’. Mientras la afirmación trata de las soluciones dirigidas a corregir los resultados injustos de las instituciones sociales sin afectar el marco general que los define, la transformación busca soluciones que buscan reestructurar ese marco general para corregir los resultados injustos.
En ese sentido, ¿CuĆ”les son los alcances del Paro Nacional Agrario? Examinemos los documentos de las tres organizaciones agrarias que promueven el paro.
En el documento firmado por la Mesa nacional de unidad agropecuaria, que agrupa a las ‘dignidades’ cafetera, arrocera, cacaotera, papera y panelera, se enfatiza en la bĆŗsqueda de pago de subsidios a la venta de sus productos, la regulación de los precios de los insumos agrĆcolas, la exigencia de cumplimiento de los acuerdos suscritos con el gobierno en pasadas movilizaciones y el rechazo de los acuerdos de libre comercio firmados por el Estado colombiano2.
El documento de la Mesa nacional agropecuaria y popular de interlocución y acuerdo, que agrupa a varias organizaciones agrarias que hacen parte de la Marcha Patriótica, se menciona la exigencia de medidas para solucionar la crisis agropecuaria, un mayor acceso a la propiedad de la tierra, el reconocimiento de la territorialidad campesina, la participación de las comunidades en la polĆtica minera, garantĆas para el ejercicio de los derechos polĆticos de la población rural y mayor inversión social en salud, educación, vivienda y vĆas tanto en los campos como en las ciudades3.
El documento del Coordinador Nacional Agrario, organización que reĆŗne cerca de treinta organizaciones regionales que hacen presencia en 14 departamentos y que hace parte a su vez del Congreso de los Pueblos, recoge diez puntos de amplio alcance transformativo. Dentro de estos puntos se incluye el cumplimiento a los acuerdos otrora firmados; la solución polĆtica al conflicto social y armado; el reconocimiento del campesinado como sujeto social y polĆtico; la permanencia de los pueblos indĆgenas y afro, y de las comunidades campesinas en los territorios, con autonomĆa y autodeterminación; el rechazo de la gran minerĆa trasnacional y la protección a la pequeƱa minerĆa, la minerĆa ancestral, y la minerĆa tradicional; el rechazo de los TLC y en defensa de la economĆa campesina, y la soberanĆa y autonomĆa alimentaria; contra las fumigaciones; por los subsidios para los insumos agropecuarios; la condonación a la deuda de los pequeƱos productores; y por el respeto y garantĆas a la lucha agraria4.
Si nos adherimos a los conceptos arriba mencionados, encontramos que la agenda de la movilización reĆŗne los objetivos afirmativos con los transformativos, pues la bĆŗsqueda de subsidios, la regulación de los precios de los insumos agrĆcolas, la condonación de deudas, el rechazo a la gran minerĆa o el freno a las fumigaciones, serĆan objetivos puntuales que buscan corregir situaciones lesivas para el campo. Por otro lado, el rechazo de los tratados de libre comercio muestra que la protesta tiene una agenda transformativa, al exigir el rediseƱo de la polĆtica económica del gobierno y el freno al modelo neoliberal aplicado con rigor en las Ćŗltimas dĆ©cadas.
Pero es preciso rechazar esa tentación. La lucidez de la lucha campesina radica en que cada una de las propuestas que parecen ser reivindicativas, en realidad son transformativas. Tomemos como muestras los subsidios a la producción y la polĆtica minera. Los subsidios son el ejemplo por excelencia de la postura reivindicativa, tanto asĆ que el gobierno ha intentado dividir a los cafeteros prometiendo subsidios selectivos; pero si los subsidios no fueran patrimonio de algunos sectores y mĆ”s bien cobijaran al conjunto de los productores, entonces tendrĆa que redefinirse el presupuesto para la agricultura, exigiendo un rediseƱo del presupuesto nacional. De paso, la polĆtica agrĆcola tendrĆa que repensarse en su conjunto al tener que generar nuevas instituciones que regulen dicho presupuesto. Con la polĆtica minera ocurre algo similar. Si se generara una polĆtica que diera mayor participación a los pequeƱos mineros y permitiera a las comunidades decidir sobre las concesiones mineras en sus territorios, el mapa de tĆtulos mineros en Colombia variarĆa de manera considerable. En suma, cada aspecto reivindicativo de la agenda popular-rural puede conllevar la transformación de aspectos decisivos del campo colombiano.
Adicional a lo anterior, la agenda propiamente transformativa de esta movilización muestra que las organizaciones rurales han retomado la fuerza para exigir el desmonte de las polĆticas de apertura económica que han quebrado a la producción agraria nacional y han acrecentado los Ćndices de pobreza rural, asĆ como buscar la democratización de la vida polĆtica y la solución negociada al conflicto armado. En resumen, no sólo lo reivindicativo es transformativo, ademĆ”s la dimensión global de transformación tambiĆ©n estĆ” presente en sus agendas de lucha. Por eso lo mĆ”s importante de esta jornada es la agitación del reconocimiento polĆtico del campesinado como bandera del movimiento social; el punto mĆ”s importante de estas jornadas es el reemerger de una actorĆa social que fue sistemĆ”ticamente debilitada por el despojo, la economĆa y la violencia sobre sus dirigentes.
No obstante, vale la pena advertir que no todo es tan alentador en esta movilización. Hay tres puntos que son cruciales tener en cuenta como sĆntomas de carencias y tensiones en la jornada. En primer lugar, es sĆntoma de una carencia del movimiento agrario el que no se enfatizara lo suficiente en el rechazo a la criminalización del uso de semillas y en la condena a las triquiƱuelas de los empresarios que se han apropiado ilegalmente de los baldĆos de la nación. Aunque el Coordinador Nacional Agrario emitió un comunicado sobre este Ćŗltimo tema5, es claro que estos dos puntos debieron ser agitados con mayor fuerza para esta movilización.
TambiĆ©n preocupa que las organizaciones no lanzaran un pliego conjunto, sino que se lanzaran tres pliegos diferentes, mĆ”xime cuando el Mandato Agrario aprobado en el aƱo 2003 es una carta de navegación del movimiento campesino, indĆgena y afro que en su momento recogió a la mayorĆa de organizaciones rurales populares. Es alentador que reemerja el movimiento social rural, pero preocupa que resurja con agendas dispersas.
En tercer lugar, es claro que la agenda de la Mesa nacional de unidad agropecuaria puede entrar en tensión con las agendas de la Mesa nacional agropecuaria y popular de interlocución y acuerdo, y la del Coordinador Nacional Agrario. La primera agenda estÔ ligada a las reivindicaciones de sectores productivos que agrupan a medianos y grandes empresarios afectados por la apertura económica, de ahà que se centre en el tema de subsidios y la revisión del libre comercio, pero no mencione nada sobre acceso a la tierra o reconocimiento del campesinado. Las otras dos agendas, en cambio, recogen las tesis del movimiento campesino de pequeños agricultores, jornaleros y minifundistas, quienes también rechazan el libre comercio, pero a su vez buscan una transformación mÔs profunda de la institucionalidad agraria.
Aunque esta tensión sea en apariencia un sĆntoma de debilidad, tambiĆ©n puede leerse como una base posible para formular un compromiso histórico de las organizaciones rurales con el campo colombiano. La tesis del compromiso histórico fue defendida por la izquierda italiana del siglo XX para agrupar a diversos sectores polĆticos y sociales en dirección a definir objetivos comunes en defensa de un proyecto nacional-popular en ese paĆs. Aunque las diversas agendas del movimiento rural-popular expresen tensiones polĆticas y sociales, vale la pena preguntarse si tales tensiones pueden ser una base para pensar una agenda Ćŗnica reivindicativa que transforme el campo colombiano. A pesar de mi latente escepticismo ante esa posibilidad en el corto plazo, considero que es tan imperioso como urgente caminar en ese sentido.
Para terminar, es crucial mencionar que el apoyo o la coincidencia de gremios como los camioneros, los mineros, los estudiantes, integrantes del sector salud y las centrales obreras en esta movilización, es una muestra de la efervescencia creciente de un movimiento social que busca transformaciones a partir de sus agendas particulares. La coincidencia mĆŗltiple en la movilización de esta semana es indicador de la posibilidad de coordinar acciones en esos sectores dispersos. No obstante, la coordinación de acciones sigue siendo insuficiente ante la disparidad de agendas. Mientras no surja una agenda comĆŗn de polĆticas afirmativas y transformativas que pueda canalizar al disperso movimiento social, los esfuerzos seguirĆ”n siendo insuficientes. Pero, como bien lo saben las y los habitantes del campo, los caminos largos empiezan con un paso. OjalĆ” lo estemos dando en estas jornadas de movilización.
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Notas:
1El autor es director de la Corporación para la Educación y el Desarrollo de la Investigación Popular-Instituto Nacional Sindical, CED-INS.
2Ver el texto en: http://www.nasaacin.org/index.php/i...;
3Ver documento en http://www.cut.org.co/index.php?opt...
4Disponible en: http://congresodelospueblos.org/ind...;
5http://cedins.org/index.php/proyect...













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